Andres Carrasco Castañeda
Investigador Asociado

Modelo estándar de provisiones para Créditos Mipymes: ¿Medida prudencial del sistema financiero o un ataque para el impulso a la actividad económica?

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La Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) publicó en el mes de julio la circular Nro. 3.638, donde establece para la industria bancaria a partir de julio del año 2019 la incorporación de un modelo estándar para el cálculo de provisiones de la cartera comercial de análisis grupal. Cabe mencionar que este grupo de deudores está compuesto principalmente por empresas de menor tamaño y personas naturales con giro (Mipymes), donde hasta ahora cada banco define su propio modelo de cálculo de provisiones. Esto obedece a la adopción de mejores prácticas internacionales basadas en los modelos desarrollados por el Comité de Basilea.

Lo anterior significará no solo la incorporación del modelo estándar ya mencionado, sino que, en cualquier caso, cada banco deberá considerar un mínimo de 0,5% de provisiones sobre la deuda vigente para este grupo de la cartera comercial.

Es importante indicar que las provisiones del sistema bancario son fondos de reserva que se constituyen en los mismos bancos sobre el riesgo de crédito de los financiamientos que otorgan, en base a las normas contables que establece la SBIF, siendo una medida prudencial para la estabilidad del sistema financiero y evitar eventos de insolvencia. No obstante lo anterior, el problema de mantener fondos retenidos, aun cuando sea una medida prudencial, es el costo de oportunidad  que el financista tiene sobre esta reserva de fondos, el cual en la práctica se incorpora al costo total del financiamiento, siendo finalmente traspasado a los deudores en la tasa de interés de los créditos, incluyendo el retorno monetario del banco por el préstamo hacia la empresa (premio por riesgo), además de los costos de transacción (asociados a los gastos de operación que incurre la banca para la tramitación de los créditos), aumentando con ello el costo final de los préstamos para las empresas de menor tamaño.

A lo anterior, hay que considerar la alta percepción de riesgo de las Pymes en el mercado, demostrado en la diferencia de tasas de interés entre los créditos para Pymes y grandes empresas que en Chile para el año 2016 llegó a 5,29%, de acuerdo al reporte OCDE del año 2018 sobre financiamiento para pymes y emprendedores, y el promedio del mismo grupo de países OCDE, considerando además otras economías en el análisis, fue cercano al 1%.

Más allá de la definición técnica y la revisión del modelo propuesto, lo que esto implica en la práctica es un aumento en el nivel de provisiones por parte del sistema para este grupo de deudores, calculada en 300 millones de dólares, y la banca, por su lado, estima que este monto será mayor. Lo anterior se traducirá en un aumento en el costo del financiamiento a un segmento que provee un porcentaje importante de empleos a la economía nacional y, sin cambios en el nivel de competencia, podría dificultar el  acceso a financiamiento.

Por lo anterior, es importante que las empresas de menor tamaño puedan realizar una gestión estratégica de sus activos disponibles, particularmente las consideradas garantías reales (casas y otros inmuebles, vehículos, maquinarias, etc.), ya que solo éstas, bajo el modelo propuesto, permitirán reducir el monto de provisiones de los préstamos.

Adicionalmente, las opciones que entrega el mercado en este sentido, como los certificados emitidos por las instituciones de garantía recíproca (IGR), podrían ser útil, sumado al espacio para la innovación financiera que se pueda generar y que permita incorporar la gestión de otros tipos de garantías o contragarantías reales.

Esto también puede ser una oportunidad para las Instituciones Financieras No Bancarias, considerando que estas pueden mantener sus actuales modelos de provisiones, sin aumentar sus tasas de interés por este concepto, haciéndolas más competitivas frente a los bancos en este grupo. A esto se suma la capacidad que estas instituciones puedan desarrollar para mantener una cartera sana en base a un seguimiento oportuno de la misma y gestiones de cobranza eficientes.

Finalmente, lo que no se sabe es la magnitud del aumento en la tasa de interés de estos financiamientos. Si bien esta medida prudencial puede ser beneficiosa para la salud del sistema bancario, no se ha dimensionado el incremento en el costo y eventuales problemas en el acceso a financiamiento de las Mipymes, además del impacto en otras variables donde se pueda ver amplificado el efecto de esta medida. Asimismo, en un escenario de repunte económico que aún es incipiente en el país, pero con serios riesgos de obstáculos en el camino producto de los efectos que pueda traer la guerra comercial entre países relevantes para las exportaciones chilenas, y a la luz de las cifras de desempleo del último tiempo, esta medida podría generar un impacto negativo en la actividad productiva y de servicios del principal motor de la economía nacional: las mipymes.

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